7/08/08

Yo crecí en los 80!! (próximas actualizaciones con fotos)

No me he podido resistir a poner esta genial canción de "El Reno Renardo" que combina el heavy metal clásico con un homenaje a la generación de los 80.



Prometo que en breve actualizaré con mis últimas aventuras que ya toca...

23/05/08

Esas Despedidas... (Charlie y Javito)

Algo se muere en el alma... cuando un amigo se va....

Hay que ver como se estrechan lazos en tan poco tiempo. Creo que esto va unido a vivir en un sitio nuevo, conocer tantas cosas en tan poco tiempo, la gente es más cercana, te ofrecen su amistad sin condiciones....

Joder, parezco uno de Gran Hermano hablando con la Milá.

Que os vaya bonito chavales, nos vemos pronto.

May the road rise to meet you,

May the wind be always at your back,

May the sun shine warm upon your face,

the rains fall soft upon your fields and,

until we meet again,

May God hold you in the palm of His Hand.




12/02/08

Corsés góticos y cascos de walkiria

Desde siempre ha existido un amplio sector de nuestra sociedad que ha asociado el Heavy Metal con la incultura, delincuencia y porque no decirlo, con la falta de higiene.

Generalizar es de tontos. Porque aunque suene raro, el Heavy Metal es un movimiento cultural. Y es que amigos, ya nos lo cantaban los Barón Rojo en su declaración de principios "Breaktovhen":

"Dicen que el gran Beethoven hoy tocaría Rock"

Todo esto me ha venido a la cabeza tras leer el siguiente artículo de Pérez-Reverte ante el cual no puedo sino quitarme el sombrero. Hermanos del Metal, tenemos un nuevo converso entre nosotros...

Y sí, yo también soy uno de esos que me aprendí La Canción del Pirata de Espronceda gracias a los Tierra Santa (volved pronto chavales).


No soy muy aficionado a la música, excepto cuando una canción –copla, tango, bolero, corrido, cierta clase de jazz– cuenta historias. Tampoco me enganchó nunca la música metal. Me refiero a la que llamamos heavy o jevi aunque no siempre lo sea, pues ésta, que fue origen de aquélla, es hoy un subestilo más. Siempre recelé de los decibelios a tope, las guitarras atronadoras y las voces que exigen esfuerzo para enterarse de qué van. Las bases rítmicas, el intríngulis de los bajos y las cuerdas metaleros, escapan a mi oído poco selectivo. Salvo algunas excepciones, tales composiciones y letras me parecieron siempre ruido marginal y ganas de dar por saco, con toda esa parafernalia porculizante de Satán, churris, motos y puta sociedad. Incluidas, cuando se metían en jardines ideológicos, demagogia de extrema izquierda y subnormalidad profunda de extrema derecha. Etcétera.

Sin embargo, una cosa diré en mi descargo. De toda la vida me cayeron mejor esos cenutrios largando escupitajos sobre todo cristo que los triunfitos relamidos, clónicos y saltarines, tan rubios, morenos, rizados y relucientes ellos, tan chochidesnatadas ellas, con sus megapijerías, sus exclusivas de tomate y papel cuché, y toda esa chorrez envasada en plástico y al vacío. Al menos, concluí siempre, los metaleros tienen rabia y tienen huevos, y aunque a veces tengan la pinza suelta y hecha un carajal, éste suele ser de cosas, ideas, fe o cólera que les dan la brasa y los remueven, y no de cuántas plazas será el garaje de la casa que comprarán en Miami cuando triunfen y puedan decir vacuas gilipolleces en la tele como Ricky, como Paulina, como Enrique.

Pero de lo que quiero hablarles hoy es de música metal. Ocurre que en los últimos tiempos –a la vejez, viruelas– he descubierto, con sorpresa, cosas interesantes al respecto. Entre otras, que esa música se divide en innumerables parcelas donde hay de todo: absurda bazofia analfabeta y composiciones dignas de estudio y de respeto. Aunque parezca extraño y contradictorio, la palabra cultura no es ajena a una parte de ese mundo. Si uno acerca la oreja entre la maraña de voces confusas y guitarras atronadoras, a veces se tropieza con letras que abundan en referencias literarias, históricas, mitológicas y cinematográficas. Confieso que acabo de descubrir, asombrado, entre ese caos al que llamamos música metal, a grupos que han visto buen cine y leído buenos libros con pasión desaforada. Ha sido un ejercicio apasionante rastrear, entre estruendo de decibelios y voces a menudo desgarradas y confusas, historias que van de las Térmópilas a Sarajevo o Bagdad, incluyendo las Cruzadas, la conquista de América o Lepanto. Como es el caso, verbigracia, de Iron Maiden y su Alexander the Great. La mitología –Virgin Steele, por ejemplo, y su incursión en el mundo griego y precristiano– es otro punto fuerte metalero: Mesopotamia, Egipto, La Ilíada y La Odisea, el mundo romano o el ciclo artúrico. Ahí, los grupos escandinavos y anglosajones que cantan en inglés copan la vanguardia desde hace tiempo; pero es de justicia reconocer una sólida aportación española, con grupos que manejan eficazmente la fértil mitología de su tierra: Asturias, País Vasco, Cataluña o Galicia. Tampoco el cine es ajeno al asunto; las películas épicas, de terror o de ciencia ficción, La guerra de las galaxias, Blade Runner, Dune, las antiguas cintas de serie B, afloran por todas partes en las letras metaleras. Lo mismo ocurre con la literatura, desde El señor de los anillos hasta La isla del tesoro o El cantar del Cid. Todo es posible, al cabo, en una música donde el Grupo Magma canta en el idioma oficial del planeta Kobaia –que sólo ellos entienden, los jodíos– mientras otros lo hacen en las lenguas de la Tierra Media. Donde Mago de Oz alude –La cruz de Santiago– al capitán Alatriste y Avalanch a Don Pelayo. Donde los segovianos de Lujuria lo mismo ironizan sobre la hipocresía de la Iglesia católica en cuestiones sexuales que largan letras porno sobre Mozart y Salieri o relatan, épicos, la revuelta comunera de Castilla. Y es que no se trata sólo de estrambóticos macarras, de rapados marginales y suburbanos, de pavas que cantan ópera chunga con corsé gótico y casco de walkiria. Ahora sé –lamento no haberlo sabido antes– que la música metal es también un mundo rico y fascinante, camino inesperado por el que muchos jóvenes españoles se arriman hoy a la cultura que tanto imbécil oficial les niega. El grupo riojano Tierra santa es un ejemplo obvio: su balada sobre el poema La canción del Pirata consiguió lo que treinta años de reformas presuntamente educativas no han conseguido en este país de ministros basura. Que, en sus conciertos, miles de jóvenes reciten a voz en grito a Espronceda, sin saltarse una coma.


AMÉN

30/01/08

Un paseo por nuestro pasado

Offtopic al canto!!
Quiero compartir con vosotros este video que me he encontrado navegando por YouTube y que me ha hecho recordar mi infancia.

Estoy convencido que la generación de los 80 somos los últimos que crecimos con inocencia. La televisión nos ofrecía una programación infantil llena de valores éticos y morales. Valeeeeeee, luego igual no lo aplicabamos en consecuencia cuando nos zurrabamos en el recreo imitando a los caballeros del zodiaco, pero que más da.

Hoy en día la televisión es una mierda de proporciones gigantescas. Los niños llegan a casa, ponen la tele y se pueden encontrar desde el cotilleo puro y duro, pasando por peleas en directo entre toda clase de esperpentos y culminando con la degeneración de los reality shows tipo Gran Hermano.

Nosotros llegabamos a casa del cole y nuestra madre nos ponía el bocata de salchichón y nos embobabamos con Barrio Sesamo (Pintar, pintaaaaaar, pintar sin parar...). Pasabamos los sabados por la mañana flipandolo con La bola de Cristal (siempre sentía que había cosas que se me escapaban) . En verano esperabamos que acabara el telediario a las 3 de la tarde para ver El Equipo A, El Coche Fantástico y V, sin olvidar los fines de semana donde pudimos ver series tan eternas como David el Gnomo, La Aldea del Arce, La abeja Maya, Los Aurones, La corona mágica, snifffffff.

Me gusta recordar estos tiempos mejores, imaginandome sentado enfrente de la tele con un tercio de tableta de chocolate Nestle con pan y esperando la sintonía de mi serie favorita.



Hasta luego amiguitos. Y no olviden supervitaminarse y supermineralizarse!!!!

28/01/08

Could you spell that for me please?

Juraría que deletree bien mi nombre a los de la empresa del gas.... Pues ahora resulta que mi nombre en gaélico se escribe así. Mnnnn, tampoco está tan mal...